Intervención presentación del cartel de Semana Santa 2026

Distinguidas autoridades presentes, representantes políticos, religiosos y sociales, miembros de asociaciones y cofradías, y público en general.

Quiero dirigirme muy en particular a mi junta directiva, a todos los cofrades del Ecce Homo y a nuestro querido consiliario, el Padre Jesús Ortuño.

Buenas noches.

Voy a explicar, apoyándome en el cartel que hoy presentamos, cuya imagen central es la figura del Ecce Homo. Porque es precisamente en esa mirada doliente, silenciosa y profundamente humana donde se concentra una de las mayores injusticias de la historia:

El juicio humano injusto al Nazareno.

Durante muchos años, la Semana Santa fue algo que se aprendía en casa. No se explicaba con grandes palabras, sino con gestos sencillos. Con abuelos que nos llevaban de la mano a ver pasar un Cristo. Con padres que nos enseñaban a guardar silencio cuando una imagen se acercaba. Con madres que, alrededor de una mesa, transmitían fe, memoria y valores sin necesidad de discursos.

La Semana Santa en Orihuela era familia.
Era tradición viva.
Era entender, desde pequeños, que aquellos días no eran fiesta, sino memoria del amor llevado hasta el extremo.

Hemos sacado la Semana Santa de los hogares y la hemos dejado solo en la calle.
Hemos llenado las aceras, pero nos está faltando explicarlo mejor.

Vestimos a los niños de nazarenos, pero no les explicamos por qué caminan.

Y cuando se pierde la tradición familiar, se pierde también la capacidad de luchar contra la injusticia.

En la primavera del año 2023 tuve la oportunidad de peregrinar a Tierra Santa.
Recorrí Belén, Nazaret, el Lago de Galilea, el Monte de las Bienaventuranzas, Caná.

Y lo digo con honestidad: allí no sentí nada.
Caminé por aquellos lugares santos como un turista más.
Hasta que llegué a Jerusalén.

En la Puerta Dorada imaginé a Jesús entrando entre palmas y gritos de alegría.
Al día siguiente, en Getsemaní, lo imaginé solo, angustiado, sudando gotas de sangre, mientras los suyos dormían.

Imaginé la traición disfrazada de beso, el abandono, y la noche en una cueva oscura.

Y finalmente, ante el Pretorio de Pilato, comprendí todo.

Jesús no fue condenado por un crimen.
Fue condenado por un juicio humano injusto.

 

Un juicio manipulado, precipitado, sin verdad ni compasión.
Un juicio donde el poder político se lavó las manos, donde el poder religioso protegió sus intereses personales y particulares y donde el pueblo gritó sin pensar.
Un juicio donde se prefirió la tranquilidad al compromiso y la comodidad a la justicia.

Jesús fue declarado culpable por hacer el bien, por decir la verdad y por amar sin condiciones.

Y mientras era juzgado, humillado y expuesto, una multitud miraba.
Algunos gritaban.
Otros callaban.
Casi nadie defendía.

Allí, entre la gente, imaginé a una mujer llorando en silencio.
Le pregunté cómo estaba.
Y me respondió:

“Es mi Hijo, es tu Padre. Todo será cumplido. No te alejes nunca de Él. Síguelo”.

 

Ese es el instante, en que el autor de este cartel, el oriolano, D. Roberto Ferrández Gil ha sabido capturar con maestría:
el rostro, la espalda, la luz del Padre sobre un cuerpo totalmente destrozado,
el de un inocente condenado por la justicia de los hombres.

El rostro del Ecce Homo no grita.
No se defiende.
No acusa.

 

La espalda, lacerada y rota por los azotes, habla de un castigo desproporcionado, injusto, innecesario. No es la espalda de un culpable, es la de un inocente sometido a la violencia de un sistema que necesitaba silenciarlo.

Y sobre ese cuerpo totalmente destrozado, el autor ha colocado algo que no puede pasar desapercibido: la luz del Padre.


Una luz que no evita el sufrimiento, pero que lo atraviesa.
Una luz que no absuelve al juicio humano, sino que lo desenmascara.
Porque esa luz no justifica la injusticia: la expone.


Ese cuerpo, mostrado al pueblo, es el veredicto más duro de la historia:
el de un inocente condenado por la justicia de los hombres,
y un Dios que, aun así, no retira su presencia y sigue adelante, para que se cumpla su voluntad.

Y aquí es donde entra nuestra responsabilidad directa.

A la Cofradía del Ecce Homo nos ha tocado representar un papel muy concreto.
No uno cómodo.
No uno fácil.

Nos ha tocado el momento ECCE HOMO.

 

El instante en el que el ser humano se atreve a juzgar a Dios.
El momento más paradójico de la historia: cuando la criatura señala al Creador, cuando el poder, la religión y el pueblo se ponen de acuerdo para condenar a todo un Dios hecho hombre.

Y ese es el papel que tenemos que explicar.
No podemos edulcorarlo.
No podemos maquillarlo.
No podemos convertirlo en costumbre.

Porque el Ecce Homo no representa un paso más.
Representa el fracaso moral del ser humano.
El día en que la injusticia se vistió de legalidad y la verdad fue condenada por incomodar.

Nuestra responsabilidad como cofradía no es solo procesionar una imagen.


Es explicar por qué ese juicio fue injusto, por qué fue indignante, y por qué sigue repitiéndose cada vez que el ser humano vuelve a ponerse por encima de Dios.

Si no explicamos eso,
si no lo asumimos,
entonces no estamos cumpliendo nuestra misión siendo cofrades del Ecce Homo.

Porque ese juicio injusto no terminó hace dos mil años.
Sigue repitiéndose.


Se dirá que hoy no juzgamos, que hoy no condenamos, que hemos avanzado.
Pero cada vez que juzgamos sin conocer, condenamos sin escuchar o callamos por miedo, volvemos a sentar a Jesús en el banquillo.

Cada vez que la fe se convierte en rutina, la tradición en espectáculo y la conciencia en silencio, volvemos a elegir a Barrabás.

Cada vez que las cofradías olvidamos que su misión es servir más que lucirse, unir más que dividir, testimoniar más que sacar beneficio, están participando de ese juicio injusto.

Porque son muchas las cofradías,
pero un solo Cristo.
Y una sola Madre.

 

No somos cofradías aisladas.
No caminamos cada una por su cuenta.
Somos una.

Y solo cuando entendamos que caminamos unidos, que la desunión debilita el testimonio y que el protagonismo sobra cuando hay verdad, la Semana Santa volverá a sus orígenes.

Las cofradías tenemos la obligación de custodiar la fe y devolver la Semana Santa a las familias.
Y las juntas directivas tenemos esta responsabilidad de ese cambio: gobernar con humildad, transparencia y espíritu cristiano.
No somos jueces, ni propietarios, ni protagonistas.
Somos servidores.

Cuando hay enfrentamientos, intereses personales, materiales o desunión, no se está defendiendo una tradición:
estamos siendo cómplices de la traición del inocente que se dice venerar.

Y cuando los representantes políticos y religiosos anteponen sus intereses al bien común, vuelven a lavarse las manos.

El Ecce Homo no nos mira para ser admirado.
Nos mira para dejarnos sin excusas.

 

Jesús no fue condenado por falta de pruebas.
Fue condenado porque nadie quiso asumir el coste de defender la verdad.

 

Este cartel no anuncia una fiesta.
Expone un veredicto.

 

Y cada uno sabrá, sin necesidad de decirlo en voz alta,
de qué lado estamos cada uno de nosotros.

 

El próximo 18 de marzo de 2026, en la Parroquia de Santas Justa y Rufina, a las 19:30 h, al caer la tarde, el pan se quebrará y se entregará y a las 20:30h avanzando la noche en el silencio Él permanecerá y tomará la palabra, para que cada uno encuentre su propia respuesta a lo que su mirada nos propone.

Buenas noches y muchas gracias.

Presidente de la Cofradía Ecce-Homo Orihuela


Víctor Bernabéu Gutiérrez

Cartel de Semana Santa – Presidente Víctor Bernabéu Gutiérrez

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