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 MI HISTORIA. Yo prefiero ser San Judas Tadeo que ser Pilatos  San Judas Tadeo

Nací de la mano del gran escultor Francisco Salzillo en el año 1777, en la Congregación de Ntra. Sra. del Pilar que tenía su sede en la ermita de la Santa Cruz en la calle Crevillente -actual Barrio Nuevo- de nuestra ciudad. Me considero oriolano con orgullo. Dice de mi Montesinos “En 1792 el altar mayor de la Ermita estaba dedicado a San Judas Tadeo, que desde su fundación en 1524, esta iglesia estaba bajo la advocación de la Santa Cruz, San Judas Tadeo y Santa Tecla” en su tratado de la Historia de Orihuela, según investiga Javier Sánchez Portas, dice “… en 1792, el altar mayor de la ermita estaba dedicado a San Judas Tadeo..”. Desde mi hornacina, junto a Jesús, me sentía enormemente agradecido. ¡Cuántas personas rezaban en aquella ermita tan entrañable!. El Papa Clemente XIII concedió diversas indulgencias a los miembros de la Congregación y el Obispo de Orihuela D. Juan Elías Gómez de Terán, también otorgó cuarenta días de indulgencia a los congregantes.

Junto al Cristo del Ecce-Homo, también del maestro Salzillo, figuré en el paso de El Pretorio y Casa de Pilatos por primera vez el Jueves Santo, día 27 de Marzclip image002o de 1.777, dando así comienzo a mi andadura en la Semana Santa oriolana  Salimos en procesión el citado año y el siguiente. Las procesiones se suprimen, diversos avatares nos lo impiden, continuando en el siglo XIX, con la guerra de la Independencia, desamortización de bienes eclesiásticos, supresión de cofradías, etc. Durante ese periodo me mantengo en un largo letargo en cuanto a mi salida por las calles de Orihuela, pero mantienen la fe en mí, todos aquellos que me quieren. En la década del año 1840 sentimos una gran alegría. Las procesiones de Semana Santa vuelven a la calle, lo hacemos el Miércoles Santo por la noche camino a Monserrate. Por la tarde nos había precedido la procesión que organiza la V.O.T., así el Viernes Santo saldríamos juntos en el Procesión General. En los siglos XIX y XX varias familias fueron las encargadas de sacar las procesiones, concretamente en 1.888 se hace cargo de nosotros el Patronato de la Sra. Dª Maria Hernández de Muñoz y hermanas y, posteriormente, sus descendientes, las Srtas. de Muñoz.  Durante este periodo desfilamos sobre diversos tronos en las procesiones, madera, escayola, enseres de la época, tulipas de cristal, cera, andas rudimentarias, acompañados de nazarenos en vestas sencillas, pero sobre todo guiados por sentimiento, religiosidad y afán de superación. Llega la guerra civil española y nos tenemos que esconder, Cristo habita en unas falsas de las Srtas. de Muñoz, con el manto por cubierta: A mi me llevan a la Murada. Estoy en el pajar de la casa de D. Luís Almarcha. Por fin acaba la guerra y de nuevo volvemos a nuestra casa en el Barrio Nuevo. Llega el año 1940 y comienzan a reorganizarse las cofradías. Los Sindicatos Católicos, -posteriormente Circulo Católico Instructivo de N. P. Jesús- cuyo gran impulsor es D. Luís Almarcha- se reúnen y deciden fundar la Cofradía Ecce-Homo, un grupo entusiasta, consigue ponernos en la calle. Recuerdo los primeros pasos sobre un trono en madera con adornos de escayola que realiza José Tomé, jarrones con flores que dejaba Victoria López y un rudimentario chasis de camión para el que se pedían prestadas las ruedas al cofrade José López. Cambiamos de casa. De la ermita de la Santa Cruz, a la Iglesia de Ntra. Sra. de la Merced. Recuerdo los preparativos. Allí estaba Juan Pertusa, Francisco Jiménez, Emilio Peralta, José Almira, Luís Boné, F. Verdú, Mariano Martínez, José Rodríguez, Antonio Galiano, que revolucionaba a toda la chiquillería de la cofradía con sus caramelos, Luís Pérez, Antonio Pomarclip image004es y un gran número de ellos. Sé que Ginés Gea, me componía mis vestiduras y a la vez confeccionaba aquellas primeras vestas de rojo cardenal y capucha negra. Los cofrades portaban unos cirios de madera con velas de cera. Por fin salimos el Miércoles Santo de la Iglesia de San Agustín, no sin gran tristeza. Nos faltaban muchos; El Huerto y Prendimiento de Jesús, Jesús con la Cruz a cuestas, la Verónica, el Sirineo y sayones, San Juan, La Virgen Santísima de Los Dolores en el Calvario. Solo quedamos tres El Lavatorio, San Pedro y nosotros. La Congregación del Pilar, no era la misma. Al año siguiente una vez instalados en la Iglesia de la Merced, volvimos a trasladarnos a la Iglesia de San Agustín para desfilar el Miércoles Santo. En el año 1942, salimos el Lunes Santo. Fue algo extraordinario. Ese día no había procesión en Orihuela y por primera vez íbamos a hacerlo nosotros ¡Qué gran procesión! Previamente se anunció tal acontecimiento, era una experiencia nueva, todos estaban nerviosos e incluso se llegó a decir a los cofrades que en caso de que faltasen a la misma, serian sancionados. Pero quiero relataros como fue: Se estrenó el estandarte de la Cofradía, que diseñó Luís Boné y realizó Ignacio Genovés y Lola Montero, inspirado en los bordados de los Armaos, una Cruz en oro con lentejuelas y pedrería, sobre terciopelo rojo cardenal. El orden de la procesión fue el siguiente: Tres jinetes a caballo abriendo marcha, bocina, Convocatoria, Banda de Cornetas y Tambores, estandarte y faroles, nazarenos alumbrantes con traje de percal (vestas antiguas), banda de música, nazarenos cofrades (vestas nuevas de raso), niños cantores, el paso con el Cristo a mi derecha y yo emocionado representando a Pilatos. Tras nosotros los sacerdotes, invitados de otras cofradías y como colofón la Centuria Romana con sus alegres marchas. ¡Qué feliz era! No imaginaba que sería mi último desfile, no hubiese deseado otro mejor. La cofradía decidió sustituirme por una talla que representase mejor la figura de Pilatos, ya que yo era Judas Tadeo y así me sentía yo, siempre me han confundido con el mismo. A partir de ese momento, fui arrinconado, fui moneda de cambio, llegando a parar durante algún tiempo en un chamizo junto a pollos y gallinas. Me mutilaron tres dedos de mi mano derecha y mi ojo izquierdo picado y destrozado por estas piadosas aves. Solo se preocupó por mi Pepe Rodríguez que, apartado temporalmente de la cofradía, preguntó por mí, me rescató pagando, devolviéndome mi dignidad y me cuidó lo posible. Pasé por la Iglesia de la Merced, por el almacén de José el Carpintero, donde compartí estancia con los pasos y enseres de la cofradía, depositándome finalmente en el Museo Diocesano de clip image006Arte Sacro.  Durante mi estancia en el citado museo estuve acompañado por otras imágenes y objetos Recibí visitantes. Se me acercaban y decían, “qué lástima, le falta un ojo y tres dedos”. También venían cofrades del Ecce-Homo. Más adelante me llevé una gran alegría, me acompañaron los Cristos de la Cofradía durante el tiempo que transcurrió desde el hundimiento de la Iglesia de la Meced hasta la inauguración del Museo de la Semana Santa. En el año 1990, se celebró una gran exposición de la cofradía con motivo del 50 aniversario de la misma. Recuerdo a Ricardo Canovas arreglándome dado el estado en que me encontraba. Fueron días en los que vi a muchas personas, todos se compadecían de mi. Cuando me devolvieron al museo pensé, ¡”cuando volveré a salir”! Mi sorpresa fue grande cuando al año siguiente vinieron a verme José Víctor y Javier Sánchez, estaban preparando una gran exposición de todos los Salzillos de Orihuela, que alegría, yo me encontraba entre ellos. Un día Juan Manuel Pertusa y su amigo Julio, me hicieron un montón de fotos, para un catálogo que estaban haciendo. La exposición fue maravillosa, a la inauguración acudió hasta el Obispo Álvarez. !Qué cantidad de gente nos vino a ver!. Cerca de 8.000 personas, pasaron a vernos, allí estaban mis amigos más íntimos, El Lavatorio y San Pedro, también estaban los Cristos, de la Agonía, de la Caída, la Sagrada Familia, San Francisco…, pero la emoción fue enorme cuando me encontré con mi Cristo del Ecce-Homo. Lloré de alegría por mi único ojo sano. También vi llorar a José Víctor cuando cerró las puertas de este extraordinario acontecimiento. clip image008 Pensaba que nada más me iba a pasar, estaba equivocado. Mi historia cambió radicalmente cuando la tarde del día 5 de Enero de 2004, vi aparecer a José Víctor acompañado por Maribel Martínez. Me echaron una manta encima para meterme en una furgoneta. En ese momento pensé: “tu fin está cerca”, pero inmediatamente se disiparon mis dudas. Me instalaron en una entreplanta entre libros y fotos de mi cofradía. A los pocos días me visitaron varias personas, me miraban, me hacían fotos, analizaban mi estructura, decían que tenían que restaurarme y volverme tal como Salzillo me construyó. También venían niños, que al principio quedaban asustados. Un año estuve esperando. Sé del interés que toda la cofradía puso en ello. José Víctor Rodríguez, hijo de aquel que me rescató, se empeñó en ello, pidió por mí y al fin un gran día me llevaron a la clínica de D. Ángel García Penalva, me realizaron radiografías y después unas benditas manos, las de Aurora, comenzaron a recomponer mi figura y devolverme a mi estado original  Sé que Antonio Rogel habló con José Luís Satorre, Párroco de la Iglesia de las Santas Justa y Rufina y que ambos, con José Víctor y Ginés, han encontrado un altar en dicha Iglesia para que pueda atender a todos los que tengan causas difíciles, imposibles o desesperadas, para rogar por ellos. Llega el gran día de San José, 19 de Marzo de 2006, fiesta de la Cofradía, Ginés Gea ha preparado la liturgia de mi entronización y D. Ginés Ródenas, me bendecirá. Hoy desde aquí agradezco a todos y cada uno de los miembros de la cofradía, que no se hayan olvidado de mí y a los que con su generosidad han hecho posible este milagro para bien de la Iglesia, la Semana Santa y Orihuela.

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